TODAVÍA ME encuentro con los enfermos habituales que me preguntan con muy mala baba por qué en los deportes o en la literatura tengo yo más aprecio por lo extranjero que por lo español.

–Porque España solo supone el 0’6% de la población mundial –les respondo–, y es lógico que entre el 99’4% restante encuentre mejores escritores y mejores deportistas. Son puras matemáticas.

Pero les respondo con mucho cansancio, porque sé que hablo con personas que padecen un cáncer inconsciente que las hace refractarias a la racionalidad. Y la pregunta además está muy mal planteada, porque tampoco es que yo ande despreciando a los españoles y abrazando a los extranjeros: más bien voy tomando lo que me gusta sin mirarle la matrícula de su nacimiento.