NUNCA HE dicho que Euskadi, Catalunya o España deban desaparecer de la faz de la tierra y ser sustituidas por un interminable campo de amapolas, si bien cualquiera sabe que la vida en esta parte del planeta mejorarÃa mucho si eso sucediera. Solo digo que el amor por un territorio, fuera de un lÃmite moderado que yo mismo comprendo, incurre en patologÃa: el nacionalismo y el patriotismo son dos patologÃas mentales. Y como patologÃas mentales que son, pido para ellas el mismo trato que se destina a las patologÃas mentales religiosas como el cristianismo y el islamismo, esto es: la secularización o acomodo en el ámbito privado. Sean Euskadi, Catalunya y España entes meramente jurÃdicos, despojados de lo nacional-identidario, sin ese proselitismo cultural que nos conduce a la oligofrenia. Mientras eso no suceda, me niego a leer a vuestros escritores de mierda, me niego a aplaudir a vuestras rosalÃas o subRihannas, me niego a animar a vuestros deportistas dopados y me niego a solidarizarme con vuestra historia de crÃmenes. En este Mundial voy con Iran y en Eurovisión con Liechtenstein.